Opinión: ¿la píldora roja?

En la columna pasada me referí a la necesidad de despertarse frente a los riesgos que existen en la otra cara de la moneda de la revolución digital, que es el resguardo de los datos y la ciberseguridad.

En la columna pasada me referí a la necesidad de despertarse frente a los riesgos que existen en la otra cara de la moneda de la revolución digital, que es el resguardo de los datos y la ciberseguridad.

Si uno se da el tiempo de estudiar el asunto créame, sin exagerar, que usted ya no verá del mismo modo a su computador, a su teléfono celular o a los sitios de redes sociales. Más dramático aún, los riesgos asociados a la denominada “internet de las cosas”, como las cámaras WiFi, la televisión por internet o el control remoto de las luces o de la alarma de su casa.

Si eso es así en la esfera de la vida individual, más aún lo es en la vida empresarial. El actual gobierno, avizorando lo que se viene, tomó cartas en el asunto anunciando un proyecto de ley y la designación de un coordinador para un futuro “Sistema Nacional de Ciberseguridad”, que deberá interactuar con los ministerios del Interior y Defensa, para el sector público, y con el Ministerio de Economía, para fiscalizar a la empresa privada. Alguno podrá pensar que parece una sobrerreacción, pero lamentablemente no lo es.

En una entrevista al subsecretario del Interior, se informó que se utilizará como base para el proyecto de ley el “Convenio de Ciberdelincuencia de Budapest”, que Chile ratificó el 2017, pero que se firmó y elaboró el 2004. Si bien es una base mínima y objetiva para partir, dudo que sus sugerencias o normativas sean suficientes para lo que se necesitará en los años que vienen.

Con el crecimiento exponencial de la tecnología, el convenio de Budapest del 2004, sería como la prehistoria del problema. Usted se reirá, pero en ese año no existían los teléfonos inteligentes.

El primer IPhone se lanzó el 2007 y si uno observa ahora uno de esos ejemplares, parecería ver una carreta de burros en comparación a los teléfonos actuales, y a la capacidad que tienen de almacenar nuestros datos y toda la información de nuestra vida.

Entonces, ¿cómo podemos cuidarnos a nivel empresarial? Inglaterra, que es uno de los países más avanzados en esta materia, ha hecho mucho más que suscribir lo de Budapest.

Por ejemplo, cuatro agencias y entidades gubernamentales del Reino Unido se unieron en el año 2012 para, entre otras cosas, publicar 10 recomendaciones para la ciberseguridad en los negocios. Esta lista, actualizada el 2015, contiene una guía que toda empresa debe considerar, como diligencia mínima, para enfrentar este asunto de una forma orgánica y permanente en el tiempo, pero que son imposibles de resumir en estas cortas líneas.

Si he logrado preocuparlo, me sentiré con la tarea cumplida. Porque parafraseando a una conocida película tecnológica -con un trasfondo filosófico muy interesante respecto a la teoría del conocimiento del siglo XXI-, sólo de usted dependerá si en su empresa se quiere o no tomar la “píldora roja”. Si no lo hace, siga creyendo y haciendo lo que usted quiera, y se termina el tema.

Pero si decide tomarla, nada volverá a ser lo mismo, porque sólo “le ofrezco la verdad, nada más” (advertencia de Morfeo a Neo en la película Matrix de los hermanos Wachowski).

Fuente: Diario Pulso
29 de septiembre de 2018

Pedro Pellegrini R.
Director de Empresas, Socio Guerrero Olivos

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