Opinión: ¿Abierta o Cerrada?

Con el paso del tiempo y el dinamismo de los negocios, una cantidad importante de empresas ha ido concentrando su propiedad, de manera que las razones para mantener como abiertas a esas sociedades, con todos los aspectos regulatorios que tienen asociados, son muy débiles.

Existen en Chile muchas empresas que por razones históricas se constituyeron como sociedades anónimas abiertas o se abrieron a la bolsa por distintos motivos. Varias de ellas provienen de los procesos de capitalismo popular y de privatizaciones. Otras, porque en su minuto tuvieron gran cantidad de accionistas y cotizaban habitualmente sus valores en el mercado de capitales.

Con el paso del tiempo y el dinamismo de los negocios, una cantidad importante de empresas ha ido concentrando su propiedad, de manera que las razones para mantener como abiertas a esas sociedades, con todos los aspectos regulatorios que tienen asociados, son muy débiles. Casi nunca acuden al mercado de capitales para efectos de colocar nuevas acciones y se ven enfrentadas a la dificultad de que, por mantener más de 500 accionistas, siguen estando sujetas a obligaciones derivadas de su registro en el mercado de valores y en las bolsas.

Podríamos decir que se trata de sociedades anónimas abiertas “forzosas”.

Las sociedades que se encuentran en esta situación, por el hecho de contar con más de 500 accionistas, deben igualmente por mandato legal estar inscritas en el Registro de Valores y asumir todas las obligaciones propias de las sociedades anónimas abiertas, lo que en algunas ocasiones puede resultar particularmente gravoso. Así por ejemplo deben proporcionar información periódica a la Comisión para el Mercado Financiero y al público en general, incluidos sus estados financieros trimestrales y anuales, variaciones en el capital y en su administración, hechos esenciales y relevantes, etc. También están obligadas a someterse a las disposiciones especiales sobre operaciones con partes relacionadas que establece el Título XVI de la Ley de Sociedades Anónimas, así como designar anualmente una empresa de auditoría externa con el objeto de examinar los estados financieros de la sociedad, entre otros.

Una alternativa que tienen los controladores de las sociedades anónimas abiertas que se encuentran en esta situación, es intentar cerrarlas por la vía de efectuar una oferta pública de adquisición de acciones. Sin embargo, esta alternativa muchas veces resulta no ser viable toda vez que la mayoría de los accionistas de dichas sociedades son pasivos, no son posibles de ubicar, han fallecido o simplemente no participan de ninguna forma en la vida societaria: no concurren a las juntas de accionistas para ejercer sus derechos políticos y ni siquiera cobran los dividendos a que tienen derecho.

Esta problemática fue abordada recientemente por la Comisión para el Mercado Financiero en su oficio ordinario número 4.613 de 2018, en virtud del cual ésta dejó establecido que los accionistas que durante 10 años continuados no concurran a las juntas de accionistas ni cobren dividendos, no deben ser contabilizados como accionistas para efectos de determinar si la sociedad a la que pertenecen es o no abierta por contar con más de 500 accionistas. Adicionalmente, en cualquier tiempo que dichos accionistas concurran a una junta o cobren dividendos, volverán a ser considerados accionistas con derecho a voto para los fines antes señalados.

Las sociedades anónimas abiertas que se encuentren en la situación descrita y que no deban mantenerse registradas por otras causas legales, podrían solicitar a la Comisión la cancelación de su inscripción en el Registro de Valores, dejando por tanto de estar sujetas a las obligaciones de información y cumplimiento normativo que dicha inscripción les impone. Se abre así una vía para simplificar su operación y generar economías operativas.

Fuente: El Mercurio Legal
10 de julio de 2018

Josefina Yávar
Asociada senior Guerrero Olivos

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